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Una historia de milagros: Yonathan Rivera

¡Es un hombre de admiración! Su nombre es Yonathan Rivera Rodríguez, tiene 31 años de edad, vive en una isla de Centroamérica, y su vida es un ejemplo de lucha y superación…

Nos cuenta que su infancia y adolescencia fue muy normal, aunque no conserva fotos de ella, pero recuerda que disfrutó su niñez al máximo: «porque jugaba gomitas, bolita, trompo y hasta subía las matas…».

¡Y, en efecto, Yonathan Rivera es muy entusiasta!… Fue al colegio, y a la edad de 12 años comenzó a desarrollar sus dotes como comerciante: vendía aguacates y a la par trabajaba en un restaurante llamado La Barrica, recogiendo sillas.

Y no fue sino hasta la edad de 13 años cuando Yonyo —como le dicen de cariño— se convirtió formalmente en mesonero del comedor La Barrica de Francis, el primer lugar que le abrió las puertas como trabajador formal.

La vida social de Yonathan Rivera era muy extensa, esto —dice— debido a que al comedor acudían muchas personalidades de distintas índoles sociales.

Laboró en ese restaurante hasta cumplir sus 16 años y fue entonces cuando decidió dejarlo y comenzar a trabajar con su amigo y vecino Ariel, desempeñándose como sonidista.

Pero qué iba a saber «Yonyo» que su vida iba a tomar un giro drástico e inesperado aquella soleada tarde del día martes 25 de abril del año 2006, a eso de las 4:30 de la tarde, cuando vivió el momento más aterrador de su vida…

«Solo quería cuidar de mi pequeño hermano Eduin de 7 años y mi primo hermano Anselmi, de 8; quienes tenían la intención de ir a pescar a la laguna del cementerio» —un afluente situado a unos 2 kilómetros de su casa.

Decidí acompañarlos, pues yo les había prohibido ir solos a ese lugar porque tiempo atrás había sufrido un accidente que me provocó una herida en el pie, debido a los múltiples vidrios abandonados en el lugar.

«…También, porque en ciertos sitios el terreno es muy pantanoso, con muchas matas y lava que dificultan su acceso. Por ello, lo consideraba un lugar peligroso para dos niños de su edad», dice Yonathan Rivera.

«Fue allí donde mi vida cambió totalmente, porque yo tenía una vida productiva y, hasta cierto sentido, cubría mis propios gastos» —nos lo expresa con cierta melancolía.

…La jornada de pesca parecía normal, hasta cuando se dispusieron a salir de la laguna: «cuando íbamos saliendo, había un cable de alta tensión colgando en la orilla».

El cable correspondía a una línea eléctrica vieja que la compañía estatal había anulado y, aparentemente, ya no poseía corriente alguna…

«Sin advertirlo, yo lo agarré con mi mano izquierda y el acalambramiento de todos mis músculos hizo que no pudiera soltarme rápidamente de ella».

El calor que produjo, junto a la intensidad de la corriente eléctrica, le achicharraron ipso facto los tejidos de su mano, que perdió inmediatamente en el hecho:

«¡Fue impresionante, mi mano parecía como un muslo asado!». Y fue gracias a un golpe que le dio su primo hermano Anselmi que consiguieron desprenderlo de ella.

«Yo no recuerdo nada, ¡me cuentan! Inmediatamente caí casi muerto sobre el duro pavimento, ya sin una mano y sin consciencia».

Rivera Rodríguez relata que los niños entraron en un pánico terrible: «salieron corriendo y gritando espantados a traerme ayuda. Cuando llegaron las primeras personas no me quisieron levantar porque se figuraron lo peor».

—¡Santo Dios, hay que buscar al médico legista porque no hay solución para este muchacho! —decían algunos consternados.

«Pasados los minutos, llegaron despavoridos mis familiares, amigos y vecinos; lo primero que habían entendido era que me había matado».

Al verme tirado en el suelo, inmóvil, mi tío Héctor gritó en medio de su llanto: ¡hay que llevarlo al hospital!

Mientras otros decían desesperanzados: ¡pero para qué gastar dinero, no hay necesidad, está muerto, muerto!

«Aunque la familia de uno siempre quiere hacer el último intento, jugarse su última esperanza. Recuerdo que me montaron en la ambulancia y ahí me doy cuenta, de una forma abstracta, lo que estaba viviendo»:

Entonces me pregunté: ¿a quién será el que llevan en esta ambulancia? ¡Debe estar muy grave porque circula muy rápido! Yo tenía mis ojos abiertos, pero no podía ver. Me dicen que tenía los ojos como fuego.

«En pocas palabras, estaba fuera de mí. No sentía dolor alguno ¡es que en realidad no sentía nada de nada!»

Cuando llegué al hospital le dije a mi papá, que me sostenía entre sus brazos: ¡papi, me pesan los huesos!

Pasado los días, cuando me vino la visión, la primera imagen que contemplé fue verme tendido en la cama del hospital totalmente diferente: «atado a unos cables como los que cuelgan de un poste de cualquier barrio pobre».

Dirigí mi mirada hacia el lado izquierdo y ya no tenía el brazo, luego observé la otra mano, la derecha, y apenas tenía tres dedos ¡Ese fue mi primer impacto!

Verme sin el brazo izquierdo y con la mano derecha solamente con tres dedillos, más los pies hechos trizas, destruidos totalmente, fue algo muy extraño para mí.

No tuve un sentir per se porque estaba anestesiado. Solo me preguntaba una y otra vez ¡¿Cómo me pudo haber pasado esto a mí? ¿Por qué estoy tan deteriorado? ¿Me pasó un accidente? ¡¿Dios, pero qué me pudo haber pasado?!

Divisé toda la habitación y observé un plato con comida que había sobre una mesa. Lo quise agarrar porque tenía hambre, pero me fue imposible. No tenía todos mis miembros, ¡pero yo los sentía ahí, como de costumbre! solo que «no podía moverlos» ¡Todo era mental… fue algo muy, muy, traumático!

Ahí supe que algo estaba mal y me preguntaba una y otra vez ¿Cómo es que la vida me cambió en cuestiones de segundos?, pero sin importar la respuesta, sabía que debía llenarme de ánimos… de fuerzas.

Luego supe que me iban a amputar también mi pierna derecha ¡Ya empezaba a ser todo algo más que desastroso! Recuerdo que me pusieron más de 58 pintas de sangre para salvarla.

Me dolían también las quemaduras graves que sufrí. Lo único bueno era que no se me había desprendido parte de mi cráneo. Allí los médicos me practicaron todo lo que estaba a su alcance, hasta un injerto de piel.

Además de los desalentadores diagnósticos, hubo personas que, queriendo ayudar, a veces me causaban más dolor y problemas, terminando de desquebrajar mi estado de ánimo.

Recuerdo que una persona de ellas (y muy amada mía) con intenciones de ayudarme me dijo: mira Yonathan, tú tienes limitaciones, eres inválido y tendrás, a partir de ahora, que proyectarte en tu vida… No podrás lograr muchas cosas, porque ya no eres normal.

Tendrás que abandonar la escuela, desistir de formar una familia y tener tus propios hijos —Y todo eso yo sé que era producto de su mentalidad.

Pese a todo, a mi mente nunca llegó ningún mal pensamiento. No, es que no tuve tiempo para ello, porque inmediatamente junto a mi familia decidimos afrontar el problema con toda la esperanza del mundo, el optimismo y la fe.

A raíz de mi condición, tuvimos que mudarnos por un buen tiempo a la ciudad porque debía ir constantemente al médico, pero mi anhelo especial era siempre regresar a mi pueblo de Bayaguana.

Este accidente fue como volver a nacer, pero ahora sin extremidades superiores. Tuve que volver a aprender a vivir, y a partir de ahora con bastantes limitaciones.

Pero el Señor fue maravilloso, me dio otra oportunidad de vida, y decidí vivirla junto a Él y en total agradecimiento.

Por ello, cada vez que me decían que no podría, lo tomaba como un desafío: tendrás que acostumbrarte a no montar bicicleta, a nadar, a conducir un carro; eran parte de esos «consejos» recurrentes que me decían.

Y gracias a toda la ayuda y el apoyo que recibí, mi familia y yo tomamos la decisión de hacerle frente a este reto y salir adelante…

Cuando llegué a Bayaguana en silla de ruedas, no podía caminar. La primera vez que me pusieron a hacerlo empecé a botar sangre por los pies. Era para mí muy muy difícil dar tan siquiera un solo paso; pues la operación de los pies fue muy fuerte.

Y como eran más mis ganas de luchar por mí y por mi familia, de levantarme de esa silla y caminar, ¡decidí dar «mis nuevos primeros pasos»!

Un día, mientras mi mamá me estaba bañando (porque yo ya no podía hacerlo por mi propia cuenta), se fue a buscar una toalla para secarme; y en eso, cuando me encontraba solo, sentí en mi pierna un poquito de fuerza.

Eso fue para mí un empuje ¡Era, indiscutiblemente, el poder de Dios!… Vi la cama que estaba un poco retirada de mí y me dije: ¡tengo que caminar!… ¡Y eso hice! —Fue mi primer gran logro.

Cuando mi mamá llegó de vuelta a la habitación y me ve en la cama me preguntó asombrada: ¿Yonathan, quien te puso en la cama?

Y le respondí: pues mami, yo mismo ¡caminé!

—¡Esto no puede ser, tú eres inválido y no puedes caminar! —me dijo un tanto perpleja.

—Yo le respondí: ¡sí mami, yo voy a caminar, tú verás!

Y a partir de ese momento empecé a hacer todos los ejercicios en mi casa; y cuando ya gané más fuerza y confianza en mis piernas comencé a dar «pasitos de tortuga».

Poco más tarde, le dije a mi mami que quería ir para donde mi madrina Gracita que vivía a dos esquinas de mi casa. Mamá me dijo que si estaba seguro y le dije que sí y que iría caminando.

Esa fue la primera vez que caminé fuera de la casa. Para mí eso fue un logro indescriptible, a partir de ese momento empecé a caminar y a visitar a tooodas las personas que me había apoyado después de mi accidente.

A ellos les agradezco cada día de mi vida, porque gracias a Dios recibimos mucho apoyo de todo mi maravilloso pueblo de Bayaguana.

Gracias a sus ayudas logramos costear las más de 20 operaciones que me hicieron y a no desfallecer durante el proceso.

Y como mi propósito en la vida no era mendigar a causa de mis limitaciones, continúe vendiendo aguacates —algo que ya hacía desde niño.

Sí, es verdad, ya no tenía las manos o bien mis brazos, pero no había perdido el aprendizaje adquirido hasta la fecha; entonces busqué un par de aguacates verdes, los puse a madurar y los vendí ¿Y adivinen qué?, ¡me fue fantástico!

Así empezó nuevamente mi vida como comerciante, después empecé a crear nuevas ideas de negocio y otras oportunidades para salir adelante.

Con mi cambio físico, también cambió mi propósito en la vida: Ahora quería ser un ejemplo para los demás; inclusive, ese, era otro estímulo más para mí ¡Y es algo que actualmente me motiva!

…Demostrarles a aquellas personas que sienten que sus vidas no tienen sentido e impulsarlas a salir adelante es algo que me place y me llena enormemente el corazón.

Porque sé que justo en este momento hay muchas personas pensando y diciendo que la vida no tiene sentido, y que nada pueden lograr.

Pues yo quiero decirles que sí se puede y siempre se podrá, solo debemos hacerlo con determinación y fe.

Recuerdo que una vez tuve la oportunidad de hablar con un joven que se iba a quitar la vida, porque los médicos debían amputarle una pierna. Y luego de que me vio y conversamos por largo rato, me dijo: si no te hubiera conocido hoy, habría atentado contra mi vida.

Saber eso, que sirvo de ayuda a los demás, me impulsa a seguir hacia adelante y me da más fuerzas para luchar. Saber que le estoy siendo útil a otras personas, es otra bendición más de Dios para mí.

Lo más difícil de todo este proceso fue entender el propósito que el Señor tenía para mi vida. Dios no permite que pasen las cosas por mera casualidad, sino que Él tiene un plan especial para cada uno de nosotros.

Hoy siento que Dios impactó mi vida de una forma inusitada; y no por eso, me eché a morir. Para mí, este fue mi mayor aprendizaje: Dios me dio el visto bueno y, al mismo tiempo, me dio fuerzas para vivir.

Y sí. el proceso fue muy muy fuerte ¡no se los puedo negar!, pero luego de que clamé y me acerqué más a Dios, todo empezó a fluir.

Entonces entendí que lo más importante en la vida es trabajar para beneficiar al ser humano, porque Jesús vino y murió por cada uno de nosotros.

Ahora me dedico a ser misionero voluntario y tomé la decisión de servirle a la sociedad.

Particularmente, trato con muchas personas que tienen problemas de depresión y les ayudo a mejorar. Para mí es un gozo poder hacer eso, retribuir con bendiciones todo lo que me han ayudado.

Actualmente estoy casado con una mujer maravillosa con quien he formado una hermosa familia y somos padres de 3 hermosos hijos. Vivimos siempre sostenidos a Jesús, quien entregó su vida por nosotros.

Creo que siempre debemos hacerles frente a los retos que la vida nos presenta, sin importar que debamos iniciar de cero; pues bien dice la biblia en sus Proverbios 24.16: el justo cae siete veces y vuelve a levantarse.

A pesar de que estemos pasando por momentos difíciles yo te animo a seguir adelante. Nuestras vidas no deben detenerse y todo va a depender de la actitud mental con la que enfrentemos las cosas.

Miremos hacia arriba y luego vayamos hacia adelante, porque siempre habrá cosas más maravillosas por encima de las nubes grises, y me refiero a la luz del sol que nos ilumina o a las águilas que sobrevuelan.

Yo tengo un eslogan que siempre llevo conmigo: «La vida es bonita, y en nuestra vida no hay algo más bonito que la vida misma», entonces aprovechemos las oportunidades al máximo y disfrutemos de todo lo que Dios nos regala.

Así fue nuestra conversación con un ser humilde, noble y ejemplar que ha sabido reponerse ante las vicisitudes y retos que la vida le trazó.

Hoy día, Yonathan Rivera Rodríguez —o Yonyo, como también decidimos llamarle— vive plenamente feliz y agradecido en una humilde casa en construcción ubicada en el municipio de Sabana Grande de Boya, Provincia Monte Planta, en República Dominicana.

Y aunque ya no tenga completamente sus dedos, ni sus manos, ni sus brazos (ni parte de su cabello); «Yonyo» camina siempre de la mano de Dios, siguiendo sus pasos y nutriéndose siempre de su amor y calor. (Texto: Antherson Márquez / Fotos: David López – Fuerzas Para Vivir).

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