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¿Qué pasa con nosotros cuando procrastinamos?

¡Hola! En esta oportunidad queremos abrir el blog de Fuerzas Para Vivir trayendo a colación la frase del pastor George Claude Lorimer que versa: “Aplazar una cosa fácil hace que sea difícil. Aplazar una cosa difícil la hace imposible” ¡Y no puede ser más que cierto!; por eso, hoy vamos a hablar de la procrastinación y sus efectos en nuestro organismo, en nuestras acciones y toma de decisiones.

La procrastinación, tal y como lo define el Diccionario de la lengua española (DLE), significa diferir o aplazar. Es pues un concepto relativamente reciente que se emparenta con el tiempo, con nuestros actos y nuestras responsabilidades.

Procrastinar es prorrogar una obligación o un trabajo por otros asuntos, quizás, menos importantes o urgentes.

¿Pero qué pasa con nosotros cuando procrastinamos?

Al dejar todo para el último momento, el estrés y la ansiedad nos invaden. La mejor recomendación es que no te enfoques en lo demorable o innecesario, sino más bien trata de comenzar con tus deberes u obligaciones más urgentes, ahora mismo.

Procrastinar también nos hace improductivos y, en algunos casos, comienza a desbaratar la propia apreciación que tenemos de nosotros mismos, nuestras capacidades o autoestima.

Sentirnos infructuosos hace que tengamos más horas de arrepentimientos, de frustración o ofuscación.

Un secreto importante para no procrastinar es formar el hábito de utilizar bien el tiempo, planificarlo, armonizarlo con las metas, decir no en el momento correcto y, por supuesto, someter todo a Dios.

Y no te desesperes: todos, alguna vez en nuestras vidas, hemos perdido horas valiosas de tiempo. Y bien sabemos que, después de ello, no vale de nada arrepentirnos ni podemos devolver todo atrás.

Entonces, lo que sí podemos hacer es comenzar, a partir de ahora, a usar el tiempo de manera eficiente y efectiva —para la gloria de Dios.

¿Cómo?

Opta por hacerte un horario de actividades, así actuarás a medida con el tiempo. Y si aún hay actividades que te cuestan realizar, trata de darte recompensas por cada una de ellas ¡Verás lo satisfactorio que es conseguirlas o llevarlas a cabo!

Bien lo plantea Efesios 5.16: “Aprovechen bien el tiempo…” El uso correcto del tiempo, es un interés supremo de Dios para con nosotros. Él nos creó con un propósito especial, somos un producto legítimo, original, diferentes unos de otros. No se equivocaría trayéndonos a esta vida, simplemente para que andemos como un barco a la deriva.

Por eso, nuestra existencia comenzó en el corazón de Dios, Él nos hizo para cosas buenas (según lo dicho por el apóstol Pablo en Efesios 2:10): “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”.

Así pues, es esencial que prioricemos qué es lo verdaderamente importante en nuestras vidas y abocarnos a ello.

Piensa, entonces, en lo primero que debes hacer y comienza valorando este bien supremo que todos los seres humanos hemos recibido de Dios por igual y que se cuenta en segundos, minutos, horas, días, semanas, meses, años o décadas: el tiempo.

Y si acaso has llegado a este punto de tu vida sintiendo tener una existencia improductiva, pídele a Dios sabiduría y fortaleza para cambiar tu rumbo e invierte tu tiempo desde ahora en cosas que trasciendan.

Consejo práctico: comienza a planificar pequeños períodos de tu tiempo, pide perdón a Dios por su mal uso y fuerzas para, desde este preciso momento, organizar mejor tu vida.

Bien lo dice nuestro director, Luis César Caballero: “La vida tiene como materia prima el tiempo. Detrás del éxito de algunos, está la sabia administración de este bien o recurso y que tal vez no hemos valorado como deberíamos”.

Otra forma quizás un tanto inusitada para aprovechar el tiempo es hacer en todo momento el bien: cada vez que alguien se acerque a ti ¡sírvele! Así verás que cada momento vivido fue útil para ti y para los demás, verás que te sentirás mejor contigo mismo y no te arrepentirás de nada.

También enfócate en ser cuidadoso, disciplinado, aprende a vivir por una causa que te despierte cada mañana con el deseo de ser de bendición y recuerda usar todo tu tiempo poniéndolo en las manos de Dios.

Así consigues que nuestro Padre Celestial guie tus pasos y administre mejor todo tu tiempo.

…Y recuerda siempre: “No te jactes del mañana, ya que no sabemos lo que el día traerá” (Proverbios 27:1); por eso es mejor que actúes desde ya y comienza a hacer todo aquello que has postergado.

Esto ha sido todo por hoy, pero si quieres que tratemos un tema en particular, déjanoslo en los comentarios, seguramente la próxima vez que nos leamos estemos resolviendo todas tus dudas.

¡Quedad con Dios! —Fuerzas Para Vivir.

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